Se desgarra entre las aceras, mientras los constantes trenes de espejos reflectantes se entremezclan con la tierra, sumergen en concreto. Las ávidas ventanas, colapsan y bailan mientras la amargura sobra y el individuo abunda.
Cuando cansados bajan y sobresalen de la tierra, la soledad y la miseria que los acompañaba, en sus rostros queda. No cabe la melancolía, menos la tristeza, autómatas que caminan, se suicidan hora en hora en cada oficina.
No falta el gentil que intentan asesinar por no aceptar esta realidad, que se logra esconder, sigiloso sin reconocer, intenta no existir.
Tiene la gracia y la ventaja de juntarse con amigos y volverse existente, prominente, lejos de amarguras, conjeturas, con un sano carpe diem y de extraño sorprender.
eL Lero
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